La lluvia purifica la tierra sedienta, encontramos la metáfora de la renovación y el renacimiento. Así como la lluvia nutre la tierra, que nuestras experiencias más difíciles nos fortalezcan y nos preparen para un crecimiento abundante. Que en los momentos de adversidad, encontremos la belleza y la promesa de un nuevo comienzo en cada gota que cae del cielo.